Allí estaba ella despertándose en su cama.

in Cuentos por

Allí estaba ella despertándose en su cama, totalmente relajada. Eran las nueve y media de la mañana y, por supuesto, no había oído la alarma. Le daba igual.

Madrugar no era de su agrado y siempre agradecía el poder dormir un poco más. La sábana de la cama todavía seguía caliente, al igual que su cuerpo, porque se había fusionado en perfecta armonía con el calor que desprendía su piel.

Le gustaba ese tacto sedoso al dormir y por eso siempre intentaba cubrir su cuerpo con esa sábana, que parecía agradecer tan íntimo detalle, amolándose a su figura desde los pies hasta su pecho. Esta vez no había pijama para ofrecer resistencia al tacto. Sonrió.

Sonrío porque había pasado una noche diferente. Pensó en todo lo que había compartido con ese chico. Los besos, las caricias, los abrazos y, mientras pensaba en él, no pudo evitar acariciarse el cuerpo con las manos. Su mano derecha rozaba ligeramente una de sus ingles mientras que con su mano izquierda se acariciaba el pecho que seguía tan sensible que reaccionaba erizando la piel de su cuerpo y endureciendo sus pezones.

Siempre había sido escéptica para entregarse a alguien en la primera cita pero esta vez había sido diferente.

Se conocieron una tarde de verano cuando él decidió visitar el pueblo donde ella vivía. Él quería encontrar una ruta que le llevaba a un lago, de esos con el agua cristalina, y a ella, con la dulzura que le caracterizaba, no le importó acompañarle hasta ese comienzo del camino que le conduciría a tal recóndito lugar.

Es verdad que esa tarde no hablaron mucho y la conversación pasó a un segundo plano absorbida por la energía que envolvía la situación donde la química se expresaba en forma de curiosidad por querer saber más el uno del otro.

Aunque sabían que después sería difícil que se volvieran a ver, supieron que algún día se iban a encontrar de una manera especial. Y esa manera especial llegó, antes de lo esperado. Pero antes de que eso pasara, en ese primer encuentro decidieron intercambiar sus números de teléfono.

Al día siguiente ambos se mandaron un mensaje con el móvil. Lo que no sabían era que lo estaban haciendo justo en el mismo momento y cuando recibieron el aviso en el móvil, al leerlo, pensaron que era una bonita casualidad. Él estaba en un tren que le llevaba a su siguiente destino. Ella, se había despertado a primera hora de la mañana, esta vez escuchando la alarma, para acudir a sus clases como cada día.

El día transcurrió con tranquilidad mientras se enviaban mensajes pensando en que de verdad querían volver a verse y frustrados por creer que era un imposible.

Eran las 7 de la tarde cuando ella recibió una llamada.

—¡Hola! Nos vemos en 20 minutos en la estación.

Esas fueron las únicas palabras que ese chico dijo. Ese chico al que había conocido un día antes que apareció de la nada, se fue y decidió volver.

Sin saber muy bien si, de verdad, él había vuelto a su pueblo para verla decidió hacer caso a sus impulsos que le arrastraron a la estación del tren. Justo cuando llegó allí el tren estaba deteniéndose. Sólo una persona salió de uno de los vagones. Era él.

Los nervios se apoderaron de ella por un momento pero justo cuando sus miradas se cruzaron los dos sonrieron. Todo parecía un poco irreal pero no tenían el sentimiento de ser unos desconocidos. Más bien tenían la sensación de finalmente poder encontrarse después de una larga temporada sin verse.

Caminaron despacio el uno hacia el otro.

—¿Debería darle un abrazo? ¿Sería mejor un beso en la mejilla?— se preguntaron ambos en su interior.

Antes de que se dieran cuenta los dos se fundieron en un abrazo acompañado de un beso. Un beso de los de verdad. La reacción fue instantánea y natural sin dar lugar a las palabras. El tren aceleraba poco a poco alejándose y llevándose con él su ruido. Silencio y amor.

Fueron a cenar a un restaurante donde las miradas, la complicidad y las risas continuaron.

—Aún tengo que buscar un lugar donde dormir esta noche— dijo el chico cuando terminaron la cena.

—No— contestó ella.

Su casa estaba a tan sólo 5 minutos del restaurante. Caminaron cogidos de la mano hasta llegar al portal. Sacó de su bolso las llaves. Abrió la puerta y entraron cerrando la puerta de un portazo.

Estaba tan excitada que notaba como sus braguitas se humedecían, más aún cuando en la misma entrada de la casa él decidió abrazarla con fuerza desde atrás rodeando con sus brazos su estrecha cintura que parecía estar dibujada con un pincel.

Él estaba deseando hacerla suya aunque mantenía la calma y pausadamente le besaba el cuello apartando su melena que suavemente descendía por su espalda. Finalmente ella se dio la vuelta. Su cara era angelical y llena de ternura.

Allí estaban, cara a cara, dos desconocidos queriendo conocerse.

Tranquilamente, ella levantó su mano derecha hacia su hombro izquierdo para apartar el tirante de su vestido que tanto parecía molestarle. Él aparto el otro. La gravedad hizo el resto y, casi a cámara lenta su vestido que contorneaba sus curvas cayó hasta el suelo.

Ahora, sólo su ropa interior la cubría de manera minúscula. Él no pudo más que dejar al descubierto su torso quitándose su camisa mientras ella le desabrochaba el cinturón y los botones del pantalón.

Caminaron a la habitación dejando atrás los zapatos y llegaron a esa cama que esperaba con su sábana suave como la seda. La ropa interior ya no disimulaba la necesidad que ambos tenían en ese momento.

Cuándo él deslizó su mano desde el ombligo hacia más abajo supo que ella estaba empapada. Ella gimió muy suavemente y le cogió su muñeca con fuerza para que éste no dejara de acariciarle tan cálido lugar. Sus dedos exploraban con mucha tranquilidad y sin prisas. Aunque él seguía besando su cuello, su pecho y sus labios, la atención se enfocaba más abajo.

Instintivamente esos besos requerían un cambio de lugar. Sólo por un instante su mano dejó de obedecer a sus deseos y se apresuró para quitarle el sujetador. Sus pechos eran sencillamente bonitos e hicieron que él sintiera con reclamo la necesidad de besarlos y lamerlos. Se detuvo con calma en ellos y se despidió de ambos senos con un mordisquito suave con la intención de volver al foco de atención.

Ella estaba tumbada boca arriba y respiraba con intensidad. Él, por fin había llegado a su destino. Con total delicadeza cogió con sus manos por ambos costados esas bragas que le separaban de su presa y las condujo por sus piernas hasta que finalmente sobrepasaron sus tobillos para, por fin, dejarlas caer en el suelo. Su boca siguió el recorrido inverso y entremezclando besos y caricias con la lengua subió por sus piernas hasta llegar a una de sus ingles. Ahí, se detuvo de nuevo para seguir con su propósito. Seguían los besos y las caricias hasta que por fin metió la lengua donde ella más quería. Ella, de nuevo, suspiros de amor emanando de su boca. Él, de nuevo, tranquilidad con sus movimientos. Tranquilidad que pasó a un ritmo más acelerado acelerando también las pulsaciones de sus dos corazones.

Era imposible no querer más. Sus cuerpos pedían a gritos fusionarse en un solo ser y en una fuente de energía. De nuevo otro abrazo. Abrazo con fuerza mientras él entraba con sutileza justo después de que ella abriera sus piernas para concederle tal valioso regalo.

Ahora sí, ambos, podían sentirse. Sus dos cuerpos eran una bola de fuego creada por una mezcla de sentimientos entre dos extraños que parecían conocerse desde hace tiempo juntando pasión, sexo y amor.

Como os contaba, allí estaba ella despertándose en su cama, totalmente relajada. Eran las nueve y media de la mañana y, por supuesto, no había oído la alarma. Le daba igual.


Recuerda que si te gusta lo que lees es muy fácil compartirlo para que tus amigos lo disfruten también 😉

Deja un comentario

Último de Cuentos

El puente

Y allí, al fondo, se iban acumulando todas las almas en forma

Si supieras…

Si supieras lo que te echo de menos cada vez que te

Breve carta de amor

Me gustaría que pudieras leer esta carta y sonrieras… Decirte en persona

El grillo que canta

Nota: Historia extraía de mi diario, escrita originalmente en inglés durante mi
Go to Top
A %d blogueros les gusta esto: