Dulce inocencia

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Parecías muy contenta Dulce Inocencia.

La verdad es que la alegría está en uno mismo. Incluso en momentos de incertidumbre o desconcierto queda algo en tu interior enérgico y alegre. Puede que se oculte en un rinconcito dentro de ti. A veces sientes que tu alegría se esfuma pero, por suerte, esa alegría está en ti. Has dejado de sonreír por unos momentos, quizás se alargue unos días. Eso terminará pronto. Es el puro trámite que tienes que pasar hasta que de nuevo tus mejillas se sonrojen y vuelva en ti una sonrisa. Esa sonrisa especial. Te aferras a esa idea sin importar como actúen los demás, tan inocente como sólo tú, Dulce Inocencia eres. Cuestión de tiempo.

Pensaste en la sensación de tener algo brillante en tus manos, dorado, que crees que tiene mucho valor. Pero, como bien sabes, no todo lo que reluce es oro.

Quizás sientas rabia y dolor. “¿cómo me ha podido pasar esto a mí?” te preguntas. No importa. No quiero que cambies. Te quiero dulce e inocente, porque es así como te llamas. Una pequeña decepción te puede hacer más fuerte. Levántate y mira al frente. No sientas odio.

Me dijiste sentir amargura por tener que pasar malos momentos. Recuerdas todas las cosas buenas que te hacían feliz. ¡Qué bonito es no estar solo Dulce Inocencia! Pero ¡qué falso sería tener una compañía que te cambiara el nombre! “¿es que nadie o nada va a hacerme sentirme tan bien?” Claro que sí. Todo llega. Porque las cosas buenas llevan a cosas buenas. Porque una sonrisa lleva a otra sonrisa. Porque el amor sólo puede aportarte amor.

La tristeza te impide visualizar algo mejor. Te sientes atrapada en un cuarto, oscuro, pequeño y sin luz. Abres los ojos pero no ves nada y te da miedo tenerlos abiertos. Los cierras y crees que no hay nada más. No tengas prisas. No quieras ver todo con tus ojos. Siente, imagina desde tu interior las cosas buenas que te esperan. Eres dulce e inocente, no lo olvides. Eres sentimientos Dulce Inocencia. Todo llegará.

No quiero que te sientas sola ni hundida. Estabas en lo más alto de una cima de donde bajaste sin esperarlo. Sólo tú fuiste quien te llevó a lo más alto. Vuelve y elige tu camino para encontrar un mejor destino. El futuro depende de ti, tú lo diriges y tú decides lo que quieres ser, recuérdalo.

De ti estoy aprendiendo muchas cosas. Intento ser mejor persona, más puro. Aprendiendo que hay que actuar de una manera más justa, sin odios hacia el resto. Hay que saber perdonar, escuchar a los demás y decidir por uno mismo. Cuando te veo, cuando te escucho me doy cuenta de los errores pasados que cometí. Tuve la posibilidad de hacer las cosas de forma diferente pero, por no ser tú, no fui capaz. Quizás estoy aprendiendo a perdonarme a mí mismo. Quizás el rencor y el odio lo sentía hacía mí y eso me hacía actuar de forma errónea. Quizás sólo necesitaba que tú, Dulce Inocencia, te cruzaras en mi vida para que yo también pudiera ver desde dentro, y no con mis ojos, en ese cuarto oscuro sin luz que también sufro en mis carnes.

Está bien, hazme caso cuando te digo que valoremos al máximo las cosas pequeñas que te llenan como si fueran inmensas. En el fondo, me lo estoy diciendo a mí.

Todo pasa por algo. Y de todo se puede extraer algo positivo. Si buscas en ese rinconcito de tu interior la encontrarás, ahí, esperándote estará siempre, tu alegría, fiel a ti, te recordará que un día fuiste feliz y te dirá que no quiere que te olvides de ella. En tu dolor valorarás mejor su amistad, todo lo que te aportó y te sentirás más llena. Podrás ver todas las cosas maravillosas que te rodean y sabrás que eres importante para los demás.

¡Qué importante es, Dulce Inocencia, encontrar esas cosas positivas que te rodean! De verdad, son muchas. Encuentra la motivación para conseguirlo. Tu predisposición para resolver un problema, tu actitud para superarlos, el querer avanzar y ver siempre el vaso medio lleno te va a condicionar para encontrar mejores soluciones más rápidamente. No te quedes en casa lamentándote ni llorando. Desahógate cuando lo necesites y llora. Abre la ventana y grita muy fuerte “¡yo puedo con esto!”

Miremos en nuestro interior para conocernos mejor. Puede que sientas que hay un vacío en ti. Puede que te falte cariño. Puede que lo busques en lo externo y pienses que así te sentirás mejor. A veces apartamos de nuestra cabeza todas esas cosas malas que nos pasan, huimos, no nos desahogamos contándolas… y se quedan dentro de nosotros. Llega un momento que hay que afrontarlas, vivir con ellas y superarlas. Cuando llegue el momento lo sabrás. No dejes que las preocupaciones y distracciones dirijan tu vida. Medita y aléjate de esos ruidos que no te permiten escuchar el silencio. ¿te das cuenta de lo que cuesta escuchar el silencio? ¿cómo suena? Intenta escuchar ese silencio, esa paz… ¡Qué bonita eres cuando lo haces!

Quiérete a ti más que a nadie y hazte feliz. Regálate buenos momentos. Porque tu felicidad será la de los demás.

¿Y pensar que siempre has estado ahí? Siempre tan cerca y yo sin saberlo. Pero es ahora cuando quiero saber de ti. Es ahora cuando compartimos nuestros pensamientos. Es ahora cuando hablamos de los secretos de la felicidad. Tengo que reconocerte que me siento mejor compartiendo estas cosas contigo y también viendo que te has abierto un poquito a mí. Estás cargada de sentimientos. Me emocionas. El destino hizo que un día te sentaras a mi lado y me dijeras “¡Hola! ¿Sabes quién soy?”.

Espero que tú también disfrutes de cómo soy yo. Que disfrutes de mis ideas, de mis pensamientos, de mi interior. Supongo que tampoco me esperabas. Supongo que sabrías quién era. Tal vez, creíste que no te recordaba. Pero, tú eres dulce e inocente y decidiste saludar. Pensaste que pasaba por allí, que te vi caer, te tendí la mano y te dije “levanta, que te ayudo”. Quizás era yo quien estaba en el suelo.

Me imagino cómo serás. Te imagino mujer. Pasando por delante de mí varias veces llamando mi atención. Te veo y me pregunto “¿quién es esa chica? me suena de algo”. Te imagino con una sonrisa enorme y espectacular, irradiando felicidad. Te imagino con piel suave, tersa y suave. Bronceada. Vestida de verde, el color de la esperanza. Te imagino sensible, con energía y buen corazón. Te imagino dulce e inocente, porque es así como te llamas.

Te gustaría estar al cien por cien pero sabes de sobra que no siempre es así. A veces, un toque de atención te hace poner los pies en el suelo. Te sientes humana, frágil e incluso te creas tus propias corazas. Echas de menos sentirte plena. Pero es, justo en ese momento, cuando tienes que sacar fuerzas y encontrar tu esencia. Esa esencia ajena a la hipocresía, a la contaminación moral que sufrimos los adultos y a la mentira. Renacer de tus cenizas es el mayor de los regalos.

Me encantan tus inquietudes. Tus ganas de aprender. Quieres conocer más y te entusiasmas sólo por pensarlo. Estás llena de vida y contagias a los demás con tu alegría. No cambies nunca Dulce Inocencia.

El tiempo va pasando y de tu interior encuentras las respuestas. La decepción no es para siempre. Lo sabes pero aún lo padeces. Eres sensible. Pero también aventurera y apasionada. Y así quieres enfocar tu futuro. Tomando decisiones. Eligiendo. Venciendo tus miedos y dudas. Buscas fortaleza mental y seguridad. Todo llegará.

Las casualidades te han traído de vuelta. Quizás no son casualidades. Todo pasa por algo. Quizás había un motivo para tenerte en el olvido tanto tiempo. Quizás tenía que equivocarme para encontrarte. Quizás… demasiados “quizás”.

Y qué bonito es, Dulce Inocencia, irse a dormir a la cama con una sonrisa. Qué bonito es saber que me vas a leer. Qué bonito es que despiertes en mí ese interés por tenerte cerca.

Y aquí estoy yo, cada vez queriendo saber más de ti. Recuperando el tiempo perdido en el que estabas cerca y ni te veía. Te escribo porque sé que me leerás y entenderás todo lo que te digo. Sé que si pudieras me darías un abrazo. Yo también te lo daría para intentar hacerte feliz porque te alimentas de alegría, de ternura y con tu generosidad me correspondes con lo mismo. Me encanta decirte que escuches a tu corazón, a la razón, a tus sentimientos. ¡Escúchate! En el fondo, me lo estoy diciendo a mí. ¡Quién pudiera abrazarte ahora, Dulce Inocencia!

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