El hombre moderno

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Deja que te cuente que si Franco levantara la cabeza… bueno, mejor no… no sea que la levante o que a alguien le de por sacarlo de la tumba y reviva.

Empecemos de nuevo.

Deja que te cuente que si mi abuela levantara la cabeza se iba a sorprender de hacia donde evoluciona el hombre. Cierto es que ella vivió otros tiempos, precisamente los del tito Franco. Eran esos tiempos de hambre, de la guerra civil española, de la posguerra… Tiempos en los que los hombres necesitaban ser más hombres y más machotes. Bueno… esto sigue igual.

Tiempos en los que tener pelos en el pecho servía para mostrar tu hombría.

Tiempos en los que existían las barbas intimidatorios de verdad, nada que ver con las barbas hipsters de hoy en día. Si un hombre con barba de las de antes, dígase tu marido, tu padre o tu abuelo, te decía que te callaras te callabas y punto. Porque si no lo hacías lo siguiente que oías no era su voz, era el sonido y eco que retumbaba en tus oídos por el impacto de un guantazo en tu cara.

Tiempos del libre albedrío para hacer lo que te viniera en gana gracias a la ley no escrita del patriarcado.

Qué tiempos aquellos. No como ahora que nos depilamos las pelotillas cejas para que sean más bonitas.

En fin, otros tiempos aunque, para decirte la verdad seguimos más o menos igual, quizás con algo menos de pelo en las axilas e ingles.

Eso sí, nos encanta pasar de un extremo a otro. Un claro ejemplo es la comparación de aquel galán que vestía de traje impoluto, en un pasado no muy lejano dispuesto a conquistar a las féminas de los guateques, con el hombre moderno de hoy en día que se viste de colores, usa ropa de pasarela femenina y se olvida de la practicidad de ser hombre.

¡Bendita comparación!

Seamos honestos, ser hombre es mucho más fácil y cómodo que ser mujer. Si tienes la habilidad de poder sacarte la chorra en medio de la calle y mear detrás de un arbusto sin que se te enfríe el culo es una ventaja. No me jodas y no te pongas un vestido de una pieza por querer ser moderno.

Esta facilidad para hacer las cosas sin esfuerzo que nos ha otorgado la madre naturaleza hace que seamos el sexo débil y nos hayamos acomodado en nuestro trono del poder. Como sexo débil que somos, hemos martirizado al sexo opuesto, al fuerte, para humillarlo y someterlo a nuestras leyes y así inventarnos la pantomima de que la mujer es la que de verdad pertenece al sexo débil.

Siempre que alguien es inferior o se siente inferior hace lo mismo. Intenta mostrar sus cualidades (inexistente en la mayoría de los casos), alardear de lo que tiene (o cree que tiene) y anular a los que piensan diferente, en este caso las mujeres, psicológica y físicamente.

Ahí están los casos de personas (bueno, sabéis que quiero decir hombres) que se sienten superiores por el simple hecho de ser quienes son. Personas que se compran colgantes de oro (para decorar sus cuellos) y coches de gama alta (como símbolo fálico y de estatus social superior) para disimular sus pocas virtudes y habilidades personales. Personas que abusan de otras personas para infringir miedo. Y, bueno, también están esas otras personas (sabéis que quiero decir mujeres) que engrandecen la figura patriarcal aceptando sus normas y aprovechándose de ellas y disfrutándolas. Por ejemplo, esas personas que deciden subirse a esos coches de gama alta por el simple hecho de ser caros. Hoy no me toca meterme con este grupo.

Nos hemos acomodado tanto en la cima del patriarcado que nos hemos debilitado atrofiando nuestras mentes. Para mostrarte lo sumamente débil que eres sólo quiero que te imagines que tuvieras la regla una vez al mes. De dar a luz ni hablamos.

¡Somos muy machotes eh!

Ahora me dirán “qué oportunista eres, eres un quedabien, tú que siempre te metes con las feminazis, que te cachondeas de todo”. Bueno, el día que perdamos el humor ya está todo perdido. Estamos cerca.

Después de miles de años de machonazismo pasaremos a la era del feminazismo y, oye, qué quieres que le haga, nos lo hemos buscado. Así, simplificado, es como si, durante mucho tiempo, pisas una mierda cada día con el pie derecho y de pronto empiezas a pisarla con el izquierdo.

Me molesta mucho pero hacia allí vamos.

Estaría bien que al hombre moderno lo relacionaran con otras cosas además de las barbas perfiladas, las sesiones diarias de 4 horas dándolo todo en un gimnasio (para luego hacerte un selfie delante del espejo y colgar la foto en tus redes sociales) o los nuevos looks donde todo está permitido (como tiene que ser, que puedas ir como te de la gana aunque a mí me haga gracia).

Pero si todos fuéramos hombres modernos de verdad no pasaría nada si trataras a la que tienes a tu lado con respeto, de igual a igual. Tampoco pasaría nada si tu compañera de trabajo cobrara lo mismo que tú si tenéis las mismas responsabilidades. No se acabaría el mundo si al que llamas maricón de mierda lo llamaras por su nombre que es como te gusta que te llamen a ti, por tu nombre, y no rata de cloaca (Aunque en tu caso te lo mereces). No eres más hombre porque tengas pilila o porque no te gusten.

El hombre moderno debería revelarse ante  las faltas de respeto hacia los demás y no quedarse en silencio. El hombre moderno debería luchar por la igualdad salarial, social y emocional. El hombre moderno debería entender que nazcas con el colgajo o no eres libre de utilizarlo cómo, dónde y con quién quieras.

Se nos ha vendido una película desde hace mucho tiempo de lo que tiene que ser un “hombre verdadero”. Aquel que en el mundo de las cavernas tenía que salir de la cueva para cazar un mamut. Enfrentándose  a innumerables peligros para alimentar a sus progenitores y conservar la especie mientras sodomizaba a sus hembras una y otra vez, año tras año, siglo tras siglo, milenio tras milenio para así llegar a donde estás tú. Cientos de generaciones para acabar en lo que somos tú y yo ¡Vaya tela!

Yo no sé tú, pero yo hace tiempo que no salgo a cazar ningún mamut. ¿Sabes por qué? Porque los mamuts se extinguieron hace casi 4000 años. Que, por cierto, vivieron millones de años y se extinguieron cuando nos conocieron.

En otras palabras, llevamos al menos 4000 años haciendo la misma mierda. 4000 años de educación sexista. 4000 años de enseñanzas religiosas sexistas. 4000 años de normas y roles sociales sexistas. No te preocupes chica, ya vomito yo por ti.

Sigo teniendo 4000 años de experiencias machistas en mi ADN así que sigo siéndolo, sólo me faltaría decir “con un par de cojones, como tiene que ser”. Tengo algo de esperanza para cada día serlo un poco menos.

Eso sí, que tampoco me vendan la moto con ese rollo feminazismo camuflado en la palabra feminismo. Personalmente me gusta llamar igualitarismo aunque, si tú lo llamas feminismo y lo basas en la igualdad no me molesta lo más mínimo. Que tampoco me vendan la moto con el rollo ese de que para ser un hombre tengo que ser un macho heterosexual con la testosterona por las nubes o que mostrar mis sentimientos es de ser un afeminado.

4000 años hijos míos, 4000 años… Lloremos juntos.

 

-Ya sabes, no seas cavernícola y dale a compartir.

dejaquetecuente es un blog de lectura y entretenimiento, pásate y disfruta!

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