El patio de mi casa

in Don Sarcasmo por

Me estaba acordando de esa canción de cuando era pequeño que decía:

El patio de mi casa
es particular
cuando llueve se moja
como los demás…”

Si es que mi infancia ya empezó hablando de patios.

el patio

La canción sigue así (y te dejo que la cantes en voz alta para que rememores y recuerdes que una vez fuiste un ser diminuto y no el carcamal que lee un blog de mala muerte como el mío):

“Agáchate,
y vuélvete a agachar,
que los agachaditos
no saben bailar.
Hache, I jota, ka
ele, elle, eme, a,
que si tú no me quieres
otro amante me querrá.

Hache, I jota, ka
ele, elle, eme, o,
que si tú no me quieres
otro amante tendré yo.

Chocolate, molinillo
corre corre, que te pillo
A estirar, a estirar
que el demonio va a pasar”

¿Soy el único que le ve un sentido maquiavélico a la cancioncita de los cojones?

maquiavelo

Que si tú no me quieres… otro amante me querrá…” y ¿Qué pasa si quiero que me quieras tú? Estamos jodidos. Ya de bien pequeños asumiendo que la derrota y el rechazo están ahí por no hablar de los cuernos con ese momento que dice “otro amante tendré yo”.

Pero, bueno, tampoco está tan mal, ¿Qué más da? ¡Me la pela! Siempre hay otra persona a la que joderle la existencia y a falta de pan buenas son tortas. Porque, seamos claros, si tú no me quieres… ¡Me voy a comer del plato de al lado y arreglado! Pero como te digo, quiéreme tú ¡Coño! Que el rechazo duele más ¿Qué es eso de que otro amante me querrá?

Lo del “chocolate” y el “molinillo” no tiene nada de sentido, pero claro, había que buscar una palabra que rimara con “pillo” porque si la letra dijera “chocolate que me lío… fuma fuma, como río” no hubiera sido muy apropiada para cantarla en el cole a la hora del patio.

Y ya para terminar de dar miedo a las criaturillas que cantan esta canción qué menos que terminar la letra haciendo referencia al omnipresente demonio. “¡Corre, corre, que te pillo!”

¡No te jode! Ahí me iba a quedar yo a ver cómo mi chati pasa de mí y esperar a tan adorable personaje representante del mal. Normal que haya que buscar a una amante para distraerte. Para meterte miedo en el cuerpo una cosa es aquello de cuando tus padres te obligaban a ir a dormir diciéndote que vendrían a por ti el hombre del saco o el coco pero lo del demonio ya es pasarse. Palabra de ateo.

Ahora, sin embargo, para meterte miedo tan sólo tienes que encender la televisión y ver las noticias. Son otros tiempos.

En fin, yo era más de la canción de “El conejito de la suerte” con cara de inocente porque con suerte te llevabas unos cuantos besos a casa sin ningún esfuerzo.

Sí, sí… cara de inocente.

La letra era algo así… (creo que cambia según el país).

“El conejo de la suerte
Se ha escapado
A la hora de dormir
Oh sí, ya esta aquí
Haciendo reverencias
Con cara de inocencia
Tú besaras al chico o a la chica
Que te guste más.”

Por lo visto un conejo andaba suelto por el lugar repartiendo alegría por las noches. A los 6 años no tenía ni idea pero yo creo que a partir de los 11 (y seguramente antes de los 11) uno ya sabe que un conejo es algo más que el logotipo de la revista playboy.

Ya os decía que mi infancia había empezado con temas de patios y, añado, con mucha confusión.

En el patio del colegio se cantaban esas canciones con mensajes subliminales preparándome para el rechazo, la desesperación, la poligamia y el miedo. Todo mezclado cual cocktail y bebido de trago a marchas forzadas en cada una de mis etapas: infancia, adolescencia, madurez… ¡Qué digo! a esa etapa aún no he llegado aunque me han contado un poco de qué va y no tengo claro que quiera llegar.

adultoniño

Pasa el tiempo pero las cosas no han cambiado tanto. El patio sigue mal (o eso se dice). Sigue siendo un patio como los de antes donde llueve y donde te mojas como el de los demás. Y siguen correteando conejos pero ahora con caras menos inocentes. El patio está mal amigos, muy mal. El patio, el mercado… llámalo como quieras.

Cada cierto tiempo mejor pasarle la fregona a ese patio y dejarlo limpio como una patena. Y esperar. Esperar sentado a que pase el conejito de la suerte con cara de inocente.

En realidad, ahora que lo pienso, tendría que cambiar mi discurso. ¿Por qué decimos que el patio está tan mal? El patio está como está. Y tú y yo formamos parte de ese patio. Es como cuando decimos que la gente tal, la gente cual… Tú eres gente y yo también. Que luego vamos con las pretensiones de querer conocer a alguien que esté a la altura, a nuestra altura. ¿Acaso lo estás tú? ¿O yo?

Porque a la hora de criticar al prójimo somos auténticos profesionales. Defenestramos a una persona porque no es tan alta, guapa, delgada, musculosa, culta o lo que sea. ¡Vete a cagar!

Mirémonos al espejo la cara cuando estemos defecando, justo cuando se asoma la cabeza de la tortuguita maloliente por nuestro ano para saludar, y recordarnos que todo lo que sale de nosotros no es más que mierda. Porque, si no te lo han dicho antes, todo lo que genera nuestro cuerpo es mierda. El sudor, las lágrimas, la piel es cambiante, soltamos ventosidades anales, nos quitamos los mocos cuando nadie nos mira, si eres hombres hasta intentas escribir tu nombre en una pared mientras meas en la calle (sé que hay mujeres que también lo hacen), soltamos cera por los oídos…

cagando1

¿Seguimos?

El patio no está mal señores. Los que estamos mal somos nosotros. Por tener un ego por encima de nuestras posibilidades. Por tener miedos y complejos. Sí. Las posibilidades que ofrecemos igual no son tan buenas como pensamos. Porque queremos que nos quieran. Queremos esa persona atractiva, educada, cariñosa, con valores o esa persona con cierto estatus, poder, dinero. Aquí cada uno busca lo que busca. Porque cada uno se idealiza con lo que es justo para uno mismo, lo que se merece. Y nos olvidamos de hacer autocrítica.

¡Eh, y que conste! Yo soy el primero que he dicho que el patio está muy mal.

Me he pasado mucho tiempo diciendo que si todas están locas (los estáis), que si nadie respeta a nadie, que si las buenas no están libres… Pero también me he pasado mucho tiempo escuchando a mis amigas (deseosas de un príncipe azul, verde o paliducho) decir que si somos todos iguales (me temo que es así) o que si todos pensamos con la poya. Aquí saco mi lado agnóstico y casi religioso para soltar un “¡Sólo Dios sabe la verdad!”

todosloshombres

Todo esto son excusas y deshechos humanos que soltamos, tanto hombres como mujeres, pero esta vez expuestos al mundo exterior en forma de palabras y resignación.

Al igual que decidimos limpiarnos el culo cada vez que cagamos o cortarnos las uñas cuando las tenemos muy largas y llenas de mierda podríamos hacer una limpieza interior para evitar hablar de lo mal que está el patio. Total, podríamos pensar “para qué voy a limpiarme el culo si voy a volver a cagar” pero no, nos limpiamos el culo para no oler mal porque, por lo menos, queremos aparentar que estamos limpios y aseados. Evitar una infección porque el simple hecho de tirarnos un pedo sería algo totalmente insufrible. Y la verdad es que hay pedos que da mucho gusto tirarse.

Digo yo que si en nuestra vida han entrado personas que olían mal algo de influencia hemos debido de tener al igual que cuando hemos sido nosotros los que apestábamos y entrábamos en la vida de otra persona. Voy a olvidarme de hablar de culpa (y por eso dije influencia) porque aquí no se trata de buscar culpables sino soluciones. No somos culpables, somos recopiladores de experiencias, buenas y malas. Y dependiendo de lo bien o mal que nos limpiamos el culo tendremos un porcentaje más alto o más bajo de atraer algo mejor o peor en ese patio particular. Ya estamos, dando consejos de la vida, filosofeando… pero no, no voy a pensar que sé de lo que hablo o que sé más que tú, faltaría más. Yo sólo hablo de olores, tú interprétalo como quieras.

olor

Porque nuestro olor es una frecuencia más de las tantas que emitimos. Sólo tienes que hacer la prueba. Sal un día al patio y a cada persona con la que te cruces regálale una sonrisa. Otro día, haz lo mismo y no hagas nada. Ya no te digo poner una cara larga, apartar la mirada o agacharla, sencillamente no hagas nada.

También puedes hacer otra cosa. Levantarte un día e irte a una pradera, a un campo lleno de girasoles, a un lugar donde huela a vida, a verde, a mar… Y, otro día, vete a un basurero e intenta respirar profundamente y sin mascarilla.

Entonces, tendrá algo que ver en todo esto en dónde busques y en cómo lo hagas ¿No crees?

Como te digo, el patio no está tan mal. No está todo tan podrido. Hay mucho olor a mar, olor a verde y olor a vida. Sólo tienes que saber dónde respirar para que se abran tus pulmones e inhalen toda esa alegría que algunas personas sí te pueden dar.

De momento estoy de rondón dando vueltas por el patio y casi me conformo con que cuando me meto en una red social o una aplicación para ligar la chica me responda escribiendo un mensaje con los acentos en el sitio correcto o un “haber” con b y no con v. ¡Qué no, que es coña, que yo sólo me fijo en que tenga las tetas gordas!

tetas

En lo que nos hemos quedado. Usamos aplicaciones para ligar y nos conformamos con recibir un mensaje bien escrito y con acentos para pasar esa criba mínima (que siempre viene a posteriori de un escaneo físico más que necesario que muchos negamos hacer) de lo que entendemos por cultura y sabiduría . Yo no soy un entendido de mi lengua, cometo muchos errores y fallos gramaticales. Pero he visto mucho aquello de exigir un cierto nivel gramatical (o cualquier otra cosa) por personas que carecían completamente de ello. Lo entiendo, pero el amor no entiende de gramática (ni de exigencias). El amor es algo mucho más poderoso que un “avia” sin h, con v y sin acento. Duele a la vista, sí, pero no menos que nuestro ego de superioridad sin pensar en las circunstancias en las que se encuentra la otra persona. ¿Acaso un analfabeto no tiene derecho al amor?

Y en esas sigo como os digo. Pasando la fregona en mi patio particular para intentar que esté lo más recogido y limpio. Intentar ser más justo con los demás empezando por uno mismo y luchando contra mi analfabetismo como persona.

Tengo mucha mierda interior que limpiar en el patio de mi casa.

medita

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