El buen tiempo y las cebolletas

in Don Sarcasmo por

Bueno, ya llega el buen tiempo, el solecito, las niñas en tirantes y, con ello, las noches de travesura.

¡Qué bonita es la primavera! A no ser que seas un jodido alérgico (y te pasas todas las tardes estornudando) o un miedica (esquivando las posibles picaduras de abejas).

¡Aaaaaa-migo! No vayas a pensar que esos son los únicos problemas de la estación que la sangre altera. Sí, sí, sí. Hay un problema más gordo a todo el buen rollo que me entra por esta época… y es ¡la morcilla! Sí, mi cebolleta.

Y es que mi cebolleta es sensible a cualquier mujer que se precie, bueno, también a la que no se precie (porque no está bien eso de marginar o excluir mujeres).

Tampoco es que me considere una ONG que vaya dando vidilla a la mujer mascota de la discoteca o a la mujer verbena de cada pueblo pero en cuestiones de “papar” hay que tener mano izquierda.
Y así pasa, que me pongo morcillón con nada.

Bueno, valeeee, debería de ser más romántico. Mi boca me pierde. Así verían las mujeres que los hombres también somos sensibles. Porque los hombres podemos llegar a ser muy sensibles.

La verdad es que sólo necesitamos un tirante de un sujetador que asome por un hombro esbelto y ¡paaammm, cebolleta activada en proceso de transformación a morcilla! ¿Eso no es sensibilidad?
Lo malo es cuando te pasa en algún lugar donde estás vendido, por ejemplo ¡¡LA PLAYA!!

Recordemos las posibilidades de un miembro masculino:

Miembro flácido:

Ahí estás tú, campando a tus anchas por la playa. Puedes revolotear sin problemas porque la pilila en cuestión se encuentra semioculta. Un pequeño bulto te hace diferenciarte del sexo opuesto y tan solo la recolocas un poco cuando sales de darte el baño porque con el agua tan fría se te encoge de la ostia y tampoco quieres parecer hermafrodita.
Empieza tu táctica de miradas tontas con libertad de movimientos. Libertad más que nada porque no tienes problemas en mirar a todas. La morena del fondo, la rubia que entra al agua, las dos quinceañeras que te devuelven la mirada y suben tu ego…
Es el comienzo de tus problemas de identidad. No sólo notas cambios en tu sonrisa que es del palo de “Je”. Te sientes más alegre. Así que decides que la ducha, para quitarte la sal, sea tan rápida que incluso a veces casi no te mojas.

Miembro morcillón:

Esta sí que es una “posición Judas” de tu miembro. Aquí sí que estás jodido tío. Porque… verás, estás a medio camino. ¿Hacia dónde colocarla? Hacia abajo no puedes porque queda un bulto bastante cerdo y grosero. Se nota ya que no es una pilililla inofensiva lo que se cuece entre tus piernas. Pero tampoco tienes la tenacidad como para subirla hacia arriba y pillarte la puntita con la goma del bañador porque la gravedad te vence y se te queda rollo pistola, sí, sí, ya sabes, como si con tu mano simularas tener una pistola con tus dedos índice y con el pulgar, sí, el gordo y, sí, gorda es como se te está poniendo pero no con fuerza. ¿Qué hacer?


Para los vaciletas quedarse de pie, manos en la cintura, bañador pequeño de putilla e incluso remangado haciendo creer a la gente que no quieres tumbarte en la toalla para no llenarte de arena, pero no, no, no, ese no es el fin, tú lo que quieres es lucirla ahora que ya no es un cacahuete. Lo más común para todos aquellos que damos por hecho que la morcilla pide más y no se va a quedar ahí la cosa es pegar un par de golpecitos en la arena para así hacer un agujero y, poco a poco, acostarte en la toalla boca abajo y encajar sutilmente tu zona mas íntima y delicada, darle cobijo y hacer que pase desapercibida.

Miembro erecto:

Has demostrado ser un hombre sensible tanto o más que cualquier mujer. Aquí ya no hay medias tintas, no te puedes quedar de pie porque, de esa manera, la cabecita de tu miembro se asoma por encima del bañador queriendo salir para saludar a esa morena del fondo, la rubia que entra al agua o a esas dos quinceañeras que te devuelven la mirada y suben tu ego. Lo mejor es una retirada temporal. Ya tienes la espalda negra y quemada pero ahí sigues tumbado boca abajo, castigando toda tu parte posterior incluso arriesgándote a coger un cáncer en la piel pero pasas de darte lavuelta. Por tu mente pasan los pensamientos menos lascivos que jamás puedas pensar para minimizar esa bomba a presión… Recuerdas el gol de Mijatovic que le dio la 7ª copa de Europa al Madrid, recuerdas cualquier concentración tuning con todos esos niñatos maquinetos ahí flipándola rollo Neng… pero no hay forma de que la cosa decaiga. Vuelves a ver a la morena con sus cocazos XXL al aire morenitos y rígidos. Quieres mirar a otro lado pero la vista te traiciona y tu mirada se detiene en esa rubia que lleva tanga luciendo palmito. Giras bruscamente tu cuello, porque te estás poniendo enfermo, y ves a esas quinceañeras que seguramente sean las únicas que se fijen en ti y hayan visto el ridículo espantoso que estas haciendo…

¡¡Cómo me gusta el buen tiempo!!

 

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