La enfermedad del hombre.

in Don Sarcasmo por

Deja que te cuente un poco, así por encima, el pensamiento pululante que se siente en el ambiente acerca de los hombres en general. Somos todos unos enfermos, punto y final.

Como esto es mi blog y tengo que rellenar líneas para llamar tu atención e intentar que te quedes por aquí voy a seguir escribiendo un poco más.

Sí, soy hombre y estoy enfermo. Y tú, si eres hombre (y puede que si eres mujer) también lo estás. Enfermo como tú el que trabajas en una escuela, tú el que trabajas en un bar, tú el que no trabajas, tú el que… hagas lo que hagas estás enfermo.

O, al menos, así es como nos ven muchas mujeres por no decir todas.

Ya sabes, todos los hombres somos iguales, somos todos unos cerdos… y todas esas cosas que se dicen. Supongo que tienen razón. Eso sí, cuando los hombres generalizamos así de las mujeres se considera machismo, patriarcalimo y todas esas mierdas que ya sabemos.

Tampoco quiero crear un debate ahora y que se pongan todas en mi contra (en contra de mi personaje porque yo en la vida real soy buena persona) porque al fin y al cabo sin mujeres no somos nadie y esto es una sección de sarcasmo en donde me gusta rendir homenaje a todas esas imbecilidades que día a día le dan alegría a la vida aunque, en el fondo, deberían de preocuparnos.

Nuestras baterías están tan cargadas de testosterona y de esa energía renovable por estar salidos que en cierto modo el generalizar con estas dichas es bastante acertado.

La verdad que no todos los hombres somos iguales pero como a mí no me gusta dar explicaciones prefiero que las mujeres piensen así. El borreguismo generalizador es una cualidad del ser humano y… ¡¡ooooh, sorpresa!! Las mujeres también son seres humanos.

Pero, sea como sea, me tengo que poner un poco del lado de la mujer con este tema y darles la razón. Hoy juego en vuestro equipo.

Os pondré algunos ejemplos:

¿Qué hombre no ha pensado alguna vez en apuntarse a clases de salsa para así refregar la cebolleta de forma legal mientras baila esa música que tanto odia?

¿Qué hombre no ha pensado en apuntarse a clases de aerobic o por el estilo para “hacer” amigas?

Creo que esto del aerobic no se lleva ahora o le han cambiado el nombre por otro que suena más cool. Pero para el caso también tenemos todas esas clases de pilates, zumba, yoga, meditación

Pero, vamos a ver… si tú eres mujer y vas a clases de salsa… no te crees, ni de coña, que todos los maromos que están ahí están porque les gusta esa música y quieren aprender ¿verdad?

Y ahí es cuando viene el problema de nuestra enfermedad. Las cosas que hacemos, sin querer realmente hacerlas, para aproximarnos a unas vaginas andantes. Porque en nuestra limitación cerebral y con la enfermedad que padecemos no estamos viendo nada más que eso, una parrusa y dos piernas que hasta nos sobran.

No nos culpéis. Desde pequeños somos consumidores de pornografía, nos colgamos medallas cuando nos liamos con alguna tía, tenemos “chorvagenda” y todas esas cosas de machotes.

Volviendo a las clases de salsa, nos olvidamos de la actividad en cuestión a la que nos hemos apuntado, llámala salsa, yoga… lo que sea, da igual. Ese es el problema. Así es imposible conseguir el respeto de las mujeres. Tú y yo sabemos que algunas piensan como nosotros, como si tuvieran pene, pero, por lo general, evitan dar esa imagen o que pensemos así de ellas.

Y, ahora que he mencionado el yoga. ¿Qué me decís de toda esa “Gente Yoga” que va por la vida haciendo estiramientos como si hubiera descubierto la panacea del deporte y que lo complementa diciendo “yo es que soy muy espiritual”? Esos seres supremos que presumen de equilibrio físico y mental, que presumen por realizar actividades saludables entre semana (porque el fin de semana igual se beben 10 cubatas o se hacen medio gramo de coca), que disfrutan de su paz interior… son maravillosos, os lo digo y si eres hombre más aún.

Esos “Hombres Yoga“… me encantan.

Si eres hombre y vas a una clase de estas de yoga y meditación prefieres que la mayoría de personas sean mujeres, a ser posible con cierto atractivo físico y que estén en ese rango de edades en el que te gusta moverte. La imagen de la postal puede ser la de 20 mujeres en mallas que, a 4 patas, estiran su espalda y cuello en dirección a Cuenca pompeando sus glúteos que observas a modo de pantalla de cine de alta definición delante de tus narices. Yo me pregunto ¿Irías a hacer yoga si en vez de esas 20 tías fueran 20 tíos?

Ahí es donde tú, hombre enfermo, tienes que renunciar a todos tus instintos naturales a pesar de que te has metido en la boca del lobo tú solito y pensar:

—Me gusta el yoga, me gusta el yoga, me gusta el yoga… he venido aquí porque me gusta el yoga… es bueno para mi espalda…—

Tienes que repetir en tu mente, una y otra vez, estas frases hasta que cambiéis la postura por, seguramente, otro ejercicio peor que requiere, aún más, de tu concentración y poderío mental.

El problema es que tú te has apuntado a esa clase para ver parrusas porque estás enfermo. Eso es muy jodido de cambiar, creo que no tiene cura. Ahí es donde las mujeres se hacen fuerte generalizando sobre nosotros.

Como decía antes, no todos los hombres están tan enfermos. Algunos creo que de verdad se apuntan a estas cosas sin ninguna intención de ningún tipo y que tienen un autocontrol supremo. Una minoría. Pero otros, se hacen monitores de gimnasio, de pilates, profesores de baile, maestros de la meditación… (porque en algún lado se tienen que meter) y aprovechan que hay mujeres en busca de ese algo o necesitadas de algunos de estos servicios.

Lo malo es cuando se aprovechan de todo eso para sacar tajada y son unos guarros irrespetuosos que se creen que tienen el poder para hacer o decirle a una mujer lo que quieren. Ahí es donde sí me pongo serio y siento total repulsa y asco por ellos. Porque una cosa es querer estar rodeado de alegría y mujeres guapas y otra es merodear a sus anchas haciendo que las mujeres se sientan incómodas, acosándolas o abusando de ellas. El grado de enfermedad en el que se encuentren es lo verdaderamente importante.

Yo, como soy un poco raro, me gusta ir, por ejemplo, a gimnasios tranquilos sin todas estás feromonas humanas en celo y, preferiblemente, rodearme de personas mayores que van al centro de deportes a socializar y contarse cómo les fue el día anterior que, básicamente fue igual que el día anterior al anterior y así de forma sucesiva con el resto de días en los últimos 20 años.

Personas ancianas de este mundo ¡No os asustéis! No sufro de gerontofilia. Pero entre estar rodeado de gente musculosa monotemática, profesores de yoga que utilizan sus armas espirituales para aprovecharse de las mujeres y los mayores os prefiero a vosotros.

Así que nada, creo que mi clase ideal de yoga sería aquella en la que tendría una profesora con equilibrio mental nada acosadora, 15 ó 20 tías buenorras en mallas luciendo pompis y 6 ó 7 abuelitas de esas entrañables que te ven, te saludan con una sonrisa y te preguntan cómo te ha ido el día alegrándotelo (porque las tías buenas nunca se fijan en ti, te saludan sonriendo o te alegran el día de esta manera).

Y tú ¿Qué tal llevas al enfermedad de los hombres? ¿Puedes vivir con ella? Dale a compartir si te ha gustado la entrada y, por supuesto, disfruta de tus actividades favoritas 🙂 🙂 

Deja un comentario

Último de Don Sarcasmo

Aznar H.D.P.

Deja que te cuente que el otro día me desperté con una
Go to Top
A %d blogueros les gusta esto: