La noche del día 3

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Hoy me dirijo a ti de una manera mucho más personal e íntima.

Normalmente el protagonista de las historias que escribo es un personaje ficticio que no es más que un conjunto de pensamientos de lo que pensamos todos nosotros, de mis amistades, de mis experiencias, de la sociedad… Hoy, por contra, tengo que reconocerte que el escritor y el protagonista de la historia soy yo.

El día 3 de abril del 2006 es una fecha señalada de esas que uno no decide marcar en el calendario pero sabe que tiene que llegar. Vale, no es más que una fecha, pero ahí me queda marcada para siempre quiera o no quiera, lo piense o no lo piense.

Al ser humano actual le gusta grabar en su memoria ciertas fechas. El día de nuestro nacimiento, el día de la mujer, el día del trabajador… y así con todo. Muchas de estas fechas no dejan de ser, pues eso, sólo un día. Pero supongo que cada uno tiene sus fechas para darle o quitarle la importancia que le merezca.

insomnio

Tres meses después de ese 3 de abril del 2006 escribía lo siguiente:
“Por fin consigo escribir un poco. Realmente tampoco sé bien lo que quiero escribir. Tengo las ideas totalmente desordenadas al igual que mi vida, que también es un auténtico desorden. Sin ninguna planificación para mi futuro y con un pasado reciente horrible.

Últimamente pienso mucho sobre la muerte, lo que me hace pensar sobre la vida. Tengo muchas ganas de hacer muchas cosas.

Pero mis motivaciones e inquietudes están paralizadas.

Hace tres meses que falleció mi hermano pequeño. En este tiempo estoy acumulando demasiados pensamientos tristes. La noche en la que me comunican por teléfono la noticia fue un auténtico shock. No hay ninguna palabra que pueda describir lo que las personas sienten en un momento así. Uno mismo no quiere aceptar ni creer lo sucedido. Nos quedamos incrédulos.

Es verdad que hay algo dentro de mí que hace que mi hermano esté vivo. No sólo en mi memoria o recuerdo, también en mis sensaciones y emociones. Porque gracias a los recuerdos consigo emocionarme.

Muchos días esto me hace llorar. Pero otros mi hermanito, desde donde está, consigue robarme una sonrisita. Me tiembla el corazón por ello.

Sin duda alguna lo que peor llevo es ver el sufrimiento de mis padres, hundidos y fatigados. Sacando fuerzas sin tenerlas.

Creo que no hay nada más doloroso para un padre que ver fallecer a un hijo. Lo que han llorado en estos 3 meses… y lo que queda por desgracia.

Mi madre sigue hablando con Rodrigo. Sigue esperando a que llegue a cenar. Le sigue dando las buenas noches. Yo también lo hago. Cada noche en la que me acuesto procuro darle un beso a un anillo de mi hermano que llevo puesto y le doy las buenas noches.

Escribiendo estas líneas me viene a la mente un día. Un día en el que me desperté oyendo los llantos de mi madre. Después de oír a mi madre llorando la busqué. Estaba en el baño. Sentada en un taburete. Sólo decía “Rodrigo, Rodrigo…” mientras se echaba la colonia del pequeñajo en sus muñecas. Y las olía, porque le recordaba al olor suyo cuando siempre que terminaba de ducharse se la ponía. Es muy duro ver a tu madre hacer algo así. El otro día fui a casa de mis padres. Y vi esa colonia. Y quise ponérmela. Pero no quiero gastarla ni que se agote. Es un frasco muy pequeño. Pero lleno de tantas cosas… Hay mil cosas para recordar. La colonia, las camisetas que cogíamos el uno del otro, las fotos, su ordenador… pero así tiene que ser porque al final nos limitamos al consuelo de que la vida sigue. Y es verdad que sigue, pero no de la misma manera.

Si antes tenía claro que la vida son dos días, ahora más. No es que me diga a mi mismo hacer todas las locuras habidas o por haber pero sí quiero disfrutar y no encajar este golpe con un hundimiento total moral ni con una depresión.

Es ley de vida que todos muramos. Sea más o menos justo el momento y la forma estamos condenados a ello. Los que se quedan sufren la pérdida de los que se van pero uno tiene que decidir (en cierto modo y teniendo en cuenta que hay limitaciones) lo mucho o poco que quiere vivir.

Por lo menos tengo claro que quiero vivir este circo de forma intensa. Circo porque en el fondo es una parodia. Hay que reír más, divertirse, vivir el espectáculo y a ser posible desde diferentes puntos de vista y lugares. Un día puede ser gracioso, ser el payaso… pero otro el trapecista con más emociones y riesgos.

Me ronda de nuevo la idea de volver a viajar al extranjero. Antes de todo esto ya tenía pensado irme a vivir a Malta. Había medio planificado mi vida a medio plazo para vivir una temporada allí. Me iba a ir el 5 de abril con intenciones de aguantar al menos hasta octubre. Aprender inglés. Vivir ese pedazo de experiencia. Y la noche del día 3 sucede lo más horrible que podía ocurrir. ¿De que sirve planificar? Me pregunto. No critico el planificar pero, a veces, vivir el futuro supone olvidarse del presente, del día a día que al final es lo que cuenta. Lo que hacemos diariamente. El sentirnos bien cuando nos levantamos, cuando nos acostamos. Y eso es un consuelo que me queda de mi hermano. Que él, en su día a día, ha vivido como un Rey. Ha hecho siempre lo que ha querido y ha vivido quizás, más de lo que han vivido otras personas con más edad que él.

Envidiable.”

Quizás esto que escribí en su momento no te interese lo más mínimo pero, si has llegado hasta aquí, puede que hayas entendido como me sentía por esas fechas.

Haciendo balance de estos últimos años me doy cuenta que las cosas han seguido el camino que tenían que seguir. En realidad no han cambiado tanto puesto que sigo sin saber qué hacer con mi vida y veo que no hay un día más importante que el que vivimos ahora, el “hoy”. ¿Quién sabe dónde estaremos mañana?

Intentando ser lo más optimista posible fui logrando alguno de los objetivos que me propuse y me siento muy bien por ello. Por supuesto que han habido momentos buenos y malos, momentos de risas extremas, llantos, rabia, dolor… Momentos en los que me he comportado como un auténtico imbécil con personas que no se lo merecían y momentos en los que me han hecho sentir de lo más especial.

Si me conoces, sabes cómo soy, con mis cosas buenas y malas. Si no me conoces, quizás conozcas a alguien parecido a mí y por eso sigues leyendo. Quizás quieras darle un abrazo. Quizás sólo eches de menos a un ser querido mientras lees.

Cuando rondaba los 20, tuve la suerte de dar un gran paso adelante al enamorarme. Viví sensaciones únicas. Esas sensaciones son las que hay que perseguir en busca de la felicidad. Cada uno las encuentra de una manera, con compañía, viajando, viviendo una vida sencilla, enamorándose o echando de menos a alguien especial.

Lo más bonito de amar a las personas que ya no están es que hacen que quieras más a las que tienes cerca de ti y, aunque no es posible sustituir el vacío que dejan, hacen florecer todas esas sensaciones que tantas veces cuesta sentir. Por eso esta fecha es importante para mí. Porque ha significado dar un paso adelante en cuanto a sentimientos se refiere.

Elige bien tu camino y procura ser feliz.

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