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amar

Si supieras…

in Cuentos por

Si supieras lo que te echo de menos cada vez que te vas. Cada vez que me dejas solo. Cada vez que decides separarte de mí sin saber cuándo vuelves.

Los segundos son minutos, los minutos son horas y las horas son momentos eternos de espera. Momentos que en tu mundo pasan mucho más fugazmente pero que en el mío nunca terminan.

Sólo tengo ganas de que vuelvas. Quiero saltar, quiero bailar, quiero que mi alegría se desborde cuando siento que me abrazas y acaricias mi pelo. Quiero sentir tus manos en mi piel y quiero que el mundo se pare en ese momento donde sólo existimos tú y yo. Quiero que me digas lo bonito que soy y quiero que me digas lo mucho que me quieres. Quiero que juguemos y quiero pasear contigo y mostrarte que te soy leal y que mi amor por ti es incondicional.

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No comas más

in Reflexiones por

Llevaba un tiempo queriendo escribir un poco sobre el hecho de ser vegetariano, vegano o cualquier otra palabra que terminara en ano. Sí, todo lo que acaba en ano siempre estará de moda ya sea por un motivo o por otro. Cuestión de gustos en la comida.

carne

Ya que has llegado a este blog no te voy a hacer perder el tiempo hablándote de anos, sexo anal, defecaciones, culos operados o cosas así. Quizás otro día.

Finalmente, me he decantado por escribir sobre la comida. De verduras, carne y esas cosas.

Aunque me dirija a ti también me dirijo a mí en un ejercicio de autocrítica y concienciación personal.

No sé si os lo habéis planteado alguna vez, pero… ¿Habéis pensado en dejar de comer carne? Yo he tenido unas cuantas fases, por diversos motivos, en las que apenas como carne y otras en las que he dejado de comerla por completo así como los productos derivados de ella. Adiós a ese jamoncito serrano que te pones en las tostadas, adiós a ese vaso de leche matutino repleto de cereales, adiós a ese filetito de ternera hecho a la brasa… Seguir Leyendo

El creador de caminos

in Cuentos por

Era la tercera noche seguida en la que había llegado a ese camino misterioso. Aceitunita, así es como le llamaban de forma cariñosa, no sabía muy bien cómo había llegado hasta allí pero esta vez estaba convencida que podría avanzar por ese camino, ya que en las dos noches anteriores no lo había conseguido y apenas recordaba como había salido de allí.

Lo que verdaderamente le sorprendía de estas tres noches es que eran diurnas. El Sol iluminaba el momento con su luz y su energía.

—¿Dónde me encuentro? ¿Por qué sigo aquí y por qué hay tanta luz? —murmuró con ciertas dudas. Seguir Leyendo

El chico y la montaña

in Cuentos por

Había sido un verano caluroso, lleno de emociones, Sol y playa.

Desde la costa, el chico divisaba, al fondo, una montaña en el horizonte, a espaldas de la ciudad. La montaña y la ciudad competían por ganarse las miradas del joven, quien reconocía su amor por la urbe y, también, el poder de atracción que generaba en él dicho macizo.

Esa atracción despertó la curiosidad del muchacho para saber más sobre la cordillera. No era suficiente el observarla desde la distancia. A pesar de su miedo a las alturas, a lo desconocido o a investigar en un lugar donde no sabía si quería llegar, tenía la necesidad imperiosa de adentrarse en ella.

Decidió, aún con todas esas dudas, realizar una excursión a sus valles. Seguir Leyendo

Ella, el hada madrina

in Cuentos por

—Mami, voy afuera al porche a jugar con Chicho. —dijo Anisa mientras acariciaba a su perrito que sostenía en brazos.

—Está bien cielo, pero no tardes mucho, dentro de poco anochecerá y la cena estará lista pronto. Cuando papá termine de ducharse cenaremos. —contestó su madre mientras caminaba hacia la cocina.

Anisa era una niña de 6 años risueña y feliz. Sus ojos eran grandes y brillantes, de color miel. Le gustaba mucho jugar con su perro Chicho, un perro salchicha de color marrón que apareció un día misteriosamente en la casita del lago donde veraneaba. Desde el primer día Anisa y Chicho conectaron. Iban juntos a todas partes. Jugaban, corrían y cazaban insectos. Chicho era toda un experto encontrando lombrices, grillos y saltamontes que Anisa recogía, con un cazamariposas o con las manos, para luego guardarlos en una cabaña donde los cuidaban y les daban de comer hasta que, felizmente, les dejaban marchar. Seguir Leyendo

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